Tuesday, 31 July 2018

AGUA EN LA LUNA


 Algunos investigadores creen que existe agua en la Luna, al alcance de los exploradores humanos.
NASA
 La Luna, el primer objeto del cielo nocturno que hemos visto la mayoría de nosotros, continúa siendo un misterio. Tormento de poetas, buscada por jóvenes enamorados, estudiada intensamente por astrónomos durante cuatro siglos, examinada por geólogos durante los últimos cincuenta años, visitada por doce humanos, ese es el satélite de la Tierra.
Y ahora, cuando estamos pensando en construir allí una casa permanente, surge la pregunta primordial: ¿Hay agua en la Luna? Aunque no haya sido detectada de manera definitiva, evidencia reciente sugiere que sí existe.
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Arriba: La Luna, fotografiada por el astrónomo aficionado Sylvain Weiller.
¿Por qué ha de existir agua en la Luna? Sencillamente por la misma razón que hay agua sobre la Tierra. Una de las teorías preferidas es que esa agua como tal, o sus componentes hidrógeno y oxígeno, fue depositada sobre la Tierra durante su temprana historia, (principalmente durante el final de un "período intenso de bombardeo" hace 3 mil 900 millones de años), por los impactos de cometas y asteroides. Como la Luna comparte la misma zona del espacio que la Tierra, también debe haber recibido su porción de agua. Sin embargo, dado que tiene solo una pequeña parte de la gravedad terrestre, la mayoría del agua que llegó a la Luna debe haberse evaporado, y flota desde hace mucho tiempo en el espacio exterior. La mayoría, pero quizás no toda.
Antiguamente, los observadores creían que la Luna tenía agua en abundancia. De hecho, llamaron mares a las grandes llanuras de lava como la Mare Imbrium. Pero cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin aterrizaron en la Luna en 1969, no pisaron agua en el Mar de la Tranquilidad, pero sí roca basáltica. Nadie se sorprendió de eso; la idea de los mares lunares había sido reemplazada hacía décadas por la de llanuras de lava.

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Derecha: Hace miles de millones de años cometas acuosos y asteroides impactaron en la Tierra y la Luna. A mediados de los años 60, durante la preparación del programa Apolo, las preguntas sobre la presencia de agua en la Luna no tenían una alta prioridad. Los geólogos y astrónomos estaban divididos en ese momento sobre si la superficie lunar era el resultado de fuerzas volcánicas interiores o de fuerzas cósmicas exteriores. Grove Carl Gilbert ya tenía la respuesta en 1893. Este famoso geólogo sugirió que grandes objetos asteroidales golpearon la Luna, formando sus cráteres. Ralph Baldwin articuló la misma idea en 1949, y Gene Shoemaker revivió nuevamente esa idea alrededor de 1960. Shoemaker, casi solo entre sus geólogos contemporáneos, vio a la Luna como un importante objetivo en la Geología de campo. Vio los cráteres de la Luna como lógicos lugares de impactos que no se formaron gradualmente durante eones, si no explosivamente en segundos.
Los vuelos del Apolo confirmaron que el proceso geológico dominante en la Luna es el de los impactos. Ese descubrimiento, a su vez, introdujo una nueva pregunta: Ya que probablemente el agua de la Tierra fue depositada en gran medida por cometas y asteroides, ¿Podría este proceso haberse repetido en la Luna?, y ¿podría encontrarse algo de esa agua allí todavía?

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